Los Charters

Los Charters están pagando las consecuencias 

Oakland, California siempre ha sido un caldo de cultivo para el radicalismo. En la mañana del 25 de octubre de 2011, la Policía de Oakland, junto con muchos otros cuerpos policiales “rompió” el primer campamento de Ocupar Oakland. Más tarde esa noche un ex-marine casi perdió la vida tras ser golpeado en la cabeza con un proyectil “no letal” disparado por la policía contra una multitud de manifestantes pacíficos. La noche siguiente, el 26 de octubre, una multitud de cerca de 3.000 manifestantes retomaron la Plaza Oscar Grant (antes Plaza Frank Ogawa) y votaron por llamar a una huelga general el  2 de noviembre en respuesta a la escandalosa violencia policial del día anterior. También esa noche, no muy lejos de donde se llevó a cabo la histórica votación de Ocupar, en una reunión de la Junta Escolar de Oakland se votaba la suerte de cinco escuelas primarias públicas en Oakland. La Junta Escolar decidió cerrar estas escuelas para ahorrarse apenas unos dos millones de dólares. En la misma reunión había representantes de varias escuelas charter que estaban solicitando la renovación de su status de charter. La brecha creciente entre las escuelas públicas y las escuelas charter se demostró claramente durante la polémica reunión.

Como maestro que ha enseñado para ambos tipos de escuelas no me siento inspirado por ninguno de los dos modelos. Sin embargo, si bien tengo críticas al sistema de educación pública, estoy totalmente en contra del modelo de charter corporativo. En concreto – el programa nacional “Programa Conocimiento es Poder” de escuelas charter (conocido como KIPP) y el Aspire Charter Schools, mal llamado Public Charter Schools, que tiene sus sede en California. Ambas escuelas charter tienen en sus respectivos sitios web la de sus “socios o inversionistas” que incluye: La Fundación Walton (Wal-Mart), La Fundación Broad, La Fundación Bill & Melinda Gates (Microsoft), La Fundación Michael y Susan Dell , la Fundación Goldman Sachs, La Fundación Prudential, Doris y Donald Fisher Fund (Gap / Banana Republic / Old Navy) y la Fundación Wells Fargo. Estas son las dos organizaciones de escuela charter en las que enfoco mi atención. La clase dominante – los bancos y las corporaciones – que son responsables directos de las actuales condiciones que se viven en las escuelas públicas urbanas, invierten ahora miles de millones de dólares en estas comunidades pobres de la clase trabajadora. Al mismo tiempo que pretenden mostrar una cara de “preocupación” por el estado de la educación pública, ven a estas escuelas y sus estudiantes como material para la obtener ganancias. Trataré de arrojar luz sobre estas cuestiones a partir de mi propia experiencia personal sobre cómo y por qué estas empresas están optando por invertir en la educación de la clase trabajadora.

Divide y vencerás

La clase dominante siempre ha tenido mucho éxito en producir y reproducir las divisiones que el capitalismo necesita para seguir existiendo. Aunque la educación pública tiene el potencial de unificar algunas de las demandas de la clase trabajadora, siempre han sido administrada para favorecer los intereses de los ricos. Los ricos dependen de las divisiones de clase para obtener sus ganancias millonarias al explotar una clase obrera dividida. Estas divisiones de clase, así como de raza, de género y otras divisiones sociales, se encuentran en la base del capitalismo. Las escuelas públicas y privadas siempre han producido y reproducido estas divisiones, y las escuelas charter no son diferentes, especialmente los modelos de KIPP y Aspire.

Es importante señalar que no todas las escuelas charter están vinculados a las fundaciones de la clase dominante. Hay algunos que intentan utilizar una pedagogía crítica, en aras del “progreso,” la “justicia social” o algún otro ideal vagamente definido. Lamentablemente, estas escuelas están en su mayoría aisladas y con frecuencia tienen dificultades para mantener apoyo público y financiero para permanecer abiertas.

En conclusión, estos bancos y corporaciones de la clase dominante están invirtiendo directamente en la educación de los pobres de la clase obrera, porque quieren jugar un papel más directo en la producción y reproducción de las condiciones de iniquidad que les permiten disfrutar de beneficios exorbitantes. Se sienten cómodos en la cumbre y ahora cuentan con las estructuras jurídicas (es decir, las lagunas fiscales) que les permiten mantenerse en la cima. Como un profesor que ha tenido experiencia de trabajo con KIPP, y en menor medida, con Aspire, quiero dar a los lectores una idea de como llegué a esta conclusión. Pero antes de hablar de las experiencias vividas quiero explicar cómo estas empresas, a través de fundaciones filantrópicas, tienen la posibilidad de abrir y ejecutar las escuelas charter en estas comunidades.

Con fundaciones como éstas …

El sistema tributario actual permite a las corporaciones eludir el pago de impuestos sobre las ganancias mediante la creación de fundaciones para fines de beneficencia. Por ejemplo, a Wal-mart se le permite poner cierto porcentaje de sus ganancias en la Wallton Family Foundation para evitar pagar los impuestos que corresponderían a sus ganancias a las tasas oficiales actuales. Estos miles de millones de dólares que de otro modo irían a los ingresos fiscales del Estado para servicios sociales necesarios son así colocados en fundaciones que solamente tienen la obligación de destinar cada año el seis por ciento de esas ganancias a fines caritativos. Estas fundaciones permiten que las empresas se mantengan en la cúpula de la clase dominante y al mismo tiempo manipular la educación para servir a sus intereses.

 

El “Programa Conocimiento son Ganancias” también conocido como KIPP

KIPP es una enorme cadena nacional de 109 escuelas charter en las que están inscritas 32.000 estudiantes de todos los grados, la mayoría en escuelas secundarias. El 95% de los estudiantes son afroamericanos y latinos, el 80% de ellos son elegibles para almuerzo gratis o a precio reducido. Yo trabajé durante un año en una escuela charter KIPP en el oeste de Oakland. En ese breve tiempo me di cuenta que este no era el tipo de escuela en el que quería trabajar y que este no es un modelo que puede conducir a ningún tipo de “progreso educativo” de gran escala para estudiantes de la clase trabajadora negra y latina.

El modelo de comportamiento KIPP asegura que los estudiantes aprenden una y sola una cosa antes de salir, se llama conformidad. El día típico de los estudiantes de la escuela KIPP se basa en gran medida en la forma que se forman en línea recta y se  “asignan ellos mismos” mientras están formados. “Asígnese usted mismo” es el lenguaje obligatorio que deben emplear los maestros para comunicarles a los alumnos que mientras estén en fila deben estar leyendo o trabajando en la tarea. Cada clase tiene que reunirse fuera de las aulas de esta manera antes del inicio de una lección. En promedio, cada estudiante de KIPP pierde un mínimo de 15 a 20 minutos de aprendizaje por día mientras espera que sus compañeros “KIPPSTERS” se formen correctamente. Por supuesto, esta es mi experiencia personal y no puede ser el reflejo de todas las 109 escuelas KIPP. Sin embargo, pienso que el modelo de control de comportamiento de KIPP está diseñado para producir estudiantes acríticos y conformistas que supuestamente estarían “preparados para la universidad.” Si estos estudiantes no llegasen a la universidad, estarían bien preparados para un futuro de la conformidad en el servicio, ya sea militar, o en la industria de las prisiones, que siempre están en busca de trabajadores, soldados o prisioneros, un sector compuesto desproporcionadamente por personas de clase trabajadora de color.

 

Semillas de elitismo

Quiero poner de relieve una situación que viví durante mi año en KIPP. La escuela comparte su campus con la escuela secundaria West Oakland, una escuela pública tradicional. Esta situación, en la que hay diferentes escuelas compartiendo el mismo sitio, es muy común en el panorama educativo actual, un paisaje que ha visto el rápido crecimiento de las escuelas charter. Todo aquel que visite el campus notará la diferencia en el comportamiento de los estudiantes en los pasillos de las dos escuelas. Lo que el visitante no puede ver es la manera en que los maestros y administradores de KIPP utilizan el comportamiento menos disciplinado de los estudiantes de West Oakland Middle School para inculcar un sentido de elitismo en los “KIPPSTERS.” Yo escuche que el personal de KIPP le decía constantemente a los estudiantes que ellos eran mejores que “aquellos niños”. Muchos de estos estudiantes son del mismo barrio. Sin embargo, durante el día escolar, a los estudiantes de KIPP les dicen que no son como “aquellos niños” y cualquier acto de indisciplina de algún  “KIPPSTERS” es equiparada con la conducta de los alumnos de West Oakland Middle School. Luego, después de la escuela, los alumnos de ambas escuelas caminan juntos a sus casas y juegan en los mismos parques. Este elitismo imaginado que le venden a los estudiantes de una escuela charter es otro ejemplo de las muchas divisiones producidas y reproducidas a diario en el sistema educativo capitalista.

“Lotería”

Aspire Public Schools es otra cadena de escuelas charter basada en California que, al igual que KIPP, busca atraer jóvenes de las comunidades de color de escasos recursos. Aspire tiene un modelo al que llaman “Colegio Seguro”. En Aspire, así como muchas otras escuelas charter, la admisión “abierta” no es mas que una simple lotería  que la escuela denomina “selección al azar”, pero al mismo tiempo establece que da prioridad a las “familias fundadoras” y a los residentes del distrito. Mi breve experiencia con Aspire fue una entrevista para un puesto de profesor en una escuela de Aspire en el este de Oakland. Durante mi entrevista, le pregunté a la Asistente del Director sobre los datos demográficos de la escuela. Me informó que la mayoría de los estudiantes procedían de familias latinas. El barrio que rodea la escuela se divide entre las familias afroamericanas y latinas. Le pregunté si los datos demográficos de la escuela no habían creado alguna tensión dentro de la comunidad. Su respuesta fue que “por supuesto que sí”. Paso a describir que el terreno en el que se encuentra la escuela charter en realidad pertenecía a la Iglesia Cristiana Afroamericana de al lado. La iglesia estaba preocupada de que esta escuela sirviera a estudiantes casi exclusivamente latinos en un barrio racialmente diverso. No sé en que resultó el conflicto, pero me hace preguntarme ¿cómo es que este supuesto “sorteo público al azar” favorece continuamente a un grupo étnico sobre otro en un área étnicamente diversa? No tengo la respuesta a esa pregunta, pero uno podría a suponer que tiene algo que ver con resultados de los exámenes escolares. Cualquiera que sea la razón, no hace falta ser un genio para determinar que este sistema de “lotería” da lugar a tensiones entre las familias afroamericanas y latinas en el barrio que la rodea.

Conclusiones

Las experiencias que he tenido trabajando en la escuela KIPP y la entrevista con la escuela Aspire me llevan a creer que las escuelas charter favorecen enormemente la producción y reproducción de las divisiones que el capitalismo necesita para sobrevivir, ya se trate de familias afroamericanas y latinas que luchan por las sobras de la mesa de los grandes bancos y corporaciones, o de estudiantes de escuela secundaria de los KIPP que son inducidos a creer en su superioridad sobre los estudiantes de escuelas públicas tradicionales. Estas son sólo dos de las muchas formas en que la ola de escuelas charter introduce divisiones como parte de su táctica de dividir para vencer en el terreno de la educación. Este colonialismo corporativo se presenta bajo la forma de fundaciones blancas de la clase dominante respaldadas por las grandes corporaciones operando en barrios en su mayoría negros y latinos.

Por supuesto que hay muchas familias que están convencidas de las bondades de las escuelas charter KIPP y Aspire. He oído a muchos padres referirse a las escuelas KIPP y Aspire como una bendición. Es por ello que debemos proporcionar una perspectiva crítica a todos los padres de la clase trabajadora cuyos estudiantes van a escuelas públicas, privadas o charter. Mientras más estudiantes, padres y maestros sepan sobre la forma en que nos divide la clase dominante, mejor oportunidad tendremos de formar un movimiento unificado para hacer frente a estas divisiones. ■

 

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